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viernes, 17 de abril de 2015

La Socialización en niños

Seguro que todos habéis oído hablar de este término si tenéis un peque o trabajáis con ellos, ya que está muy de moda enfocar la escolarización temprana de los niños partiendo de este concepto como objetivo fundamental.

La socialización de los niños no es más que integrarles en sociedad, con otros peques, para que puedan aprender a convivir, a desarrollarse en un entorno con otros niños, a jugar en grupo o seguir normas sociales.

La realidad es que los niños hasta los tres años pasan por una etapa de egocentrismo, donde viven su propia realidad de los hechos, sin empatizar con el entorno o sin sentir la necesidad de convivir con el resto según las normas básicas de convivencia.
Ellos no se relacionan con los otros por necesidad y mucho menos comprenden el concepto de compartir lo de sí mismos con el resto, ni su espacio, ni lo material, ni el afecto o la atención.
Por esto mismo, la socialización se empezará a dar a partir de que esa etapa cese y comience la siguiente, donde el niño esté preparado para formar parte de una sociedad, compartir experiencias y enriquecerse de ellas en grupo, disfrutando realmente de lo que le proporciona la socialización.

Pero, ¿entonces los niños no se relacionan antes de los tres años?
Claro que sí. Los niños se relacionan con el entorno y las personas desde que nacen, ya que somos seres sociales y para sobrevivir tenemos que convivir con el resto.
Pero es verdad que ellos se ven a sí mismos protagonistas de sus vidas, y no ven la parte fundamental y positiva de estar en sociedad.
Es decir, convivir como tal es relacionarse con el otro sabiendo ceder, empatizar, siguiendo normas, obedeciendo culturas y siguiendo al grupo.

Los peques tratan de formar parte del grupo, pero no se relacionan de forma consciente o activa con los otros, sino que aprenden estrategias para imponer su criterio o tratar de sobrevivir. No es una forma de socializar, ya que eso es un proceso complejo y que requiere mayor madurez. Es una manera de convivencia primaria.
Se limitan a seguir al grupo imitando, imponiendo sus ideas y sobre todo las necesidades que tienen.

Por eso mismo, sí considero que sea importante que los niños se relacionen con otros niños desde pequeños, pero no afirmo que la escolarización temprana sea la base de la socialización como mucho sí hacen.
Es importante que crezcan con otros, ya que la imitación les enriquece, el lenguaje y la autonomía personal se favorecen, el juego simbólico se incrementa y aprenden a jugar por turnos o a esperar, les ofrece estrategias para la vida y su desarrollo, pero el parque, la familia (primos, amigos, hermanos...) y otros entornos con niños ofrecen las mismas posibilidades y sin horarios fijos que a veces no son ni capaces de seguir.

Por esto mismo hay escuelas que potencian la educación del niño basándose en el ritmo individual de cada uno, respetando sus tiempos, horarios, desarrollo y emociones, sin seguir una base inamovible para todos, algo que considero muy brusco para los más pequeños.
Para este proceso individual debe haber alguien que trabaje con constancia estos aspectos, ofreciendo las estrategias adecuadas al niño, dándole ejemplo de cómo relacionarse y qué hacer en cada situación en la que estemos potenciando la socialización con otros, no dejados libremente esperando a que se dé solo, como si se tratara de cualquier cosa.

La socialización va a darse sí o sí aunque no vayan a escuela infantil, ya que hay mil maneras de potenciarla; ¿o todos vosotros fuisteis a la escuelita?

Yo os planteo estas cuestiones porque no todos los adultos que conozco fueron a escuela infantil, ni todos los que sí fueron son seres súper sociales, ni este aspecto ha potenciado ni condicionado el resto de sus vidas.


Por todo ello, el que escoja la escuela como base de la socialización de sus hijos, tiene que reflexionar sobre si este es su objetivo principal, ya que el proceso acabará sucediendo cuando tenga que suceder, sin perder de vista que cada familia decide lo que quiere o incluso lo que puede, ya que no es esta la razón fundamental para la mayoría de aquellos que escolarizan a sus hijos.

jueves, 9 de abril de 2015

Huevos encajables y formas de Dideco

Hoy os vengo a hablar de un juguete que hace tiempo tengo en mente para el Blog, ya que incluye muchos beneficios y cualidades dentro de un atractivo y manejable diseño.

Vienen seis huevos presentados en una huevera amarilla que puede abrirse y cerrarse por un niño fácilmente.
Al abrir la huevera encontraremos seis huevos de diferente color y aspecto, que pueden abrirse por la mitad cada uno de ellos.
Dentro de cada huevo encontramos un pollito, cada uno de un color distinto, siendo todos muy llamativos.
Por lo tanto con esta presentación, se nos ocurren mil y una actividades distintas para trabajar a partir de los seis meses con los peques.


Lo primero de todo, es su fácil manejo y manipulación, ya que se trata de formas no muy grandes ni muy pequeñas, que un niño de más de seis meses ya puede sostener en sus manos.
Es verdad, que aunque su edad recomendada es a partir de los seis meses, yo esperaría a ofrecérselo cuando pueda estar sentado con autonomía, sin necesitar ayuda ni sostén, dejando sus manos libres para el juego y la manipulación. De este modo el niño podrá jugar junto al adulto sentados en el suelo y compartiendo la actividad.

Os voy a dividir las posibilidades de juego según cinco etapas, siendo la primera para los más pequeños e incrementando en complejidad según la etapa y la edad del niño.

Primera etapa:
Gracias a la forma ovalada de los huevos, los peques podrán sostener en sus manos primero un huevo con ambas a la vez y luego uno en cada una. Lo primero que observaremos es cómo a esta edad (ocho meses) les gusta chocar los objetos entre sí y ver qué sonido emiten.
Más adelante tratarán de sacarlos todos de la huevera, volcándola o de uno en uno. Como os he comentado, los huevos se dividen en dos mitades, por tanto tendrán doce piezas para sacar de la caja.
Al abrir los huevos encontramos como al presionar los pollitos se emite un sonido similar al de un polluelo piando, algo que llamará la atención de los más pequeños y les hará partícipes activos del juego, que a todos les encanta.



Segunda etapa:
Según el niño vaya haciéndose más mayor y vaya adquiriendo mayores habilidades manipulativas, empezará a investigar más el juguete. No vaciará la caja y la llenará solamente, como hacía antes, sino que ahora tratará de unir ambas mitades de cada huevo. Es verdad que todas las mitades encajan con cualquier huevo, algo que simplifica esta función para ellos. No se unen entre sí por color ni forma, sino que todos encajan unos con otros. Esto lo hará en torno al año de vida.


Tercera etapa:
A partir de los doce meses el niño es más maduro y consciente del entorno que le rodea.
Observamos que en la base de cada huevo cada uno tiene una forma. Hay seis diferentes: corazón, triángulo, estrella, cuadrado, cruz y círculo. Así mismo la huevera tiene estas formas encajables en su base. De este modo, el niño tiene que tratar de encajar el huevo a la forma que corresponde, algo que hace el juego muy atractivo para empezar a estimular la capacidad espacial del peque, de abstracción y su motricidad fina.


Para ello el niño deberá observar la figura que aparece en relieve bajo el huevo y situarla sobre la base a la que corresponde. Esto hará que comience a unir iguales y entienda la diferencia entre igual y distinto. Al principio, muchos tratarán haciéndolo en base al proceso ensayo-error, hasta que acierten y comience a ser un proceso más complejo, de unión consciente y no por casualidad.


Cuarta etapa:
Podemos potenciar los colores a través del juego, a partir de los dos añitos, ya que cada uno de ellos es de un color. Las caras de los huevos están pintadas del color a que deben ir unidos sus pollitos, por lo tanto, observamos cómo cada uno corresponde a un color distinto, trabajando de nuevo la unión entre sí por cualidades iguales.
De este modo el niño unirá la parte superior del huevo con la posterior según su color.



Quinta etapa:
Los huevos ofrecen una parte realmente interesante en cuanto a mi profesión como Estimuladora en Atención Temprana, aparte de lo que os he comentado anteriormente, podemos trabajar las emociones a través de cada huevo. Podremos hacerlo a partir del año y medio o dos años de edad, aunque nos servirá hasta los cuatro o cinco años fácilmente.

Cada uno de ellos incluye una expresión facial que muestra un sentimiento diferente en cada caso.
Podemos observar como:
- el huevo verde está sonrojado, muestra vergüenza o rubor.
- el rosa está durmiendo o cansado.
- el azul está contento o feliz.
- el amarillo está asustado.
- el morado está enfadado o gritando.
- el naranja está hambriento.

Del mismo modo, cada pollito expresa el mismo sentimiento que la cáscara de huevo que le recubre. Una vez más el juego nos da la posibilidad de unir unas partes con otras a través del concepto de igualdad.


Las emociones deben ser trabajadas desde la primera infancia, ya que un niño que reconoce los sentimientos y las emociones en sí mismo, es capaz de expresarlas verbalmente e identificarlas, algo que le ayudará a la hora de comunicarse y sentirse bien consigo mismo y con su entorno.

En muchas ocasiones encontramos niños que se enrabietan y no tienen estrategias para comunicar lo que sienten, de este modo, si aprendemos a identificar os sentimientos, jugando a poner caras de enfado, alegría, miedo, sueño o tristeza; cambiando los tonos de voz, poniendo palabra a las emociones y jugando simbólicamente, el niño aprenderá a manejar sus emociones y a exteriorizarlas de un modo adecuado.


En conclusión: los huevos encajables y formas de Dideco son unos huevos con millones de posibilidades, donde fundamentalmente podemos jugar en familia o con los peques en sesión o con la ventaja de saber que pueden jugar solos desde muy pequeños, ya que sus piezas son lo suficientemente grandes para no ser peligrosas para ningún niño. 
Es un juguete que llama la atención de los niños e invita a la permanencia en un mismo juego, sin necesidad de ayuda permanente del adulto y dando pie a la exploración y el manejo por parte del niño, probando y ensayando por sí mismo. 
Su atención y su capacidad espacial y de abstracción se verán potenciadas por el encajable de huevos y además estimularemos las habilidades de motricidad fina y emparejamiento de iguales.


Y, por último, quiero destacar algo a lo que no suelo hacer mucha alusión en mis posts, pero en este caso merece la pena que os comente que tiene un precio realmente sorprendente de poco más de 10€.

martes, 17 de marzo de 2015

Respetando el contacto II

Hoy quiero recordar un post sobre el respeto al contacto con un peque que tenía ganas de volver a publicar.

En los últimos meses he visto varios posts sobre dejar o no que den besos a tus hijos, si es bueno obligarles a dar abrazos o besos o a que acepten el contacto de un extraño o de alguien que en ese momento no quieren.
Yo lo tengo muy claro, no obligo a mi hija a que de besos, abrazos o caricias, ni los reciba de quien no quiera.
Yo tampoco las acepto de quien no me apetece o no conozco, así que es contradictorio que ella tenga obligación de quedar bien con todos y yo pueda escoger.
Lo mismo me sucede en sesión. No obligo a que los peques me saluden con un beso o no les cojo de la mano si no quieren. Ni les obligo a dar besos de despedida o a abrazar a cambio de algo. Siempre respeto, observo y pido permiso.



AQUÍ OS DEJO EL POST QUE ESCRIBÍ HACE UN AÑO: 
Respetando el Contacto:

Que importante es para el adulto complacer sus necesidades sin darse cuenta de cuáles son las del niño.
Cuando un bebé nace y tiene tan solo horas recibe muchas visitas de familiares y amigos de la familia. Hay algunos más cercanos y otros que acuden por compromiso. Ahí cada uno debe medir la cantidad de gente que quiere que acuda al hospital o a casa y quiénes deben antes o cuando ya hayan pasado unos días, dependiendo del grado de cercanía y la relación.

En casi todos los casos hay gente que tiene la necesidad de coger al niño sin pensar en cuáles son las necesidades reales del bebé y de la mamá. 
Es difícil poner límites a aquellos que se lanzan a coger al peque pero es importante dejar claro cuáles son las necesidades del recién nacido en este momento tan importante.
A veces hay que ser claros y explicar que no es momento de complacer a los adultos sino al recién llegado al mundo.

Lo mismo va sucediendo según éste va creciendo. Son muchos los que piden coger, besar, abrazar al niño en los encuentros. Está claro que es importante medir quiénes son los que lo demandan, ya que abuelos, tíos o amigos muy cercanos tienen ganas de demostrar el afecto al niño de este modo y sienten gran ilusión por besar y tocar al bebé, como es lógico y comprensible. 
Aunque debemos respetar al peque y su forma de expresar y escoger lo que quiere hacer, sin castigar su decisión ni chantajear con que nos iremos o no tendrá una cosa específica si no da el beso o si no quiere contacto físico. 

Otros sin tanta cercanía tienen su propia necesidad y no respetan la del niño. Y esto incomoda mucho al peque ya que se enfada, extraña y se ve separado de sus padres sin comprender nada de lo que está pasando. Además muchas veces su referente (su madre o su padre) se ponen del lugar del otro sin tener más opción el niño de hacer lo que le exigen.

Pedir permiso al niño a través de la lectura de las señales que nos emite a la hora de acercarnos a él es lo que mejor nos va a aclarar cuál es el momento adecuado para este contacto. 

Respetar cada momento del niño es esencial para elegir el momento correcto para ofrecer cariño al peque, ya que a la hora de mamar no es adecuado acariciar o besar a un niño que no es el nuestro, por ejemplo. 

Simplemente siguiendo normas básicas y siendo cautelosos aprenderemos a respetar los tiempos del niño y a conocer cuál es el momento para cada cosa.
Es esencial que el peque sepa escoger y pueda decidir en este sentido, ya que aprenderá a mostrar sus sentimientos con respeto, siendo capaz de elegir y haciendo lo que realmente siente y quiere, como el adulto realmente hace también.
Al fin y al cabo se trata de ponernos en la piel del niño, mirar a través de sus ojos y ser empático. El niño no es antipático o mal educado, simplemente está haciendo lo que cualquier adulto haría ante un desconocido o en un momento que no considera adecuado.

lunes, 2 de marzo de 2015

¿Qué puedo hacer con un año?

Como ya os conté hace unos días en este post, los niños a partir de los doce meses son más autónomos e independientes y comienzan a explorar por sí mismos como nunca antes habían hecho.

Para ello me gustaría que tuvierais en cuenta que siguen siendo peques o bebés, aunque empiezan a descubrir que son capaces de realizar muchas cosas con ayuda o al menos pueden tratar de intentar hacer tareas que antes eran impensables.

Cuando nos encontramos con peques de cuatro o cinco años que no han tenido la independencia o la libertad de realizar acciones o escoger por sí mismos (se sobreentiende que con ayuda), es porque se les ha sobre protegido o no se les ha dado la oportunidad de realizar el proceso de autonomía gradualmente, sino que de un día para otro el adulto encuentra que tiene un niño que podría realizar cositas solo y ahora tiene que comenzar de cero a esta edad tardía.

Y os preguntareis, ¿pero qué puede hacer un niño de un año, si es aún un bebé?
Yo os propongo que empecéis a involucrarle en las tareas del día a día en casa, siempre con ayuda y con sentido común, sabiendo que hay cosas peligrosas para él y que ni con ayuda podrá hacer.

Algunas de estas habilidades son:

- Ya puedo quitarme algunas prendas de ropa solito, como los calcetines, belcros, el gorro, ayudar a sacar brazos y piernas de la ropa...
- Puedo identificar vocabulario básico de mi entorno, como personas de la familia (papá, mamá, abuelo, abuela, tía...), juguetes (pelota, muñeca, cocinita o lo que use para jugar), objetos cotidianos (mesa, silla, carro, chupete, agua, comida...), acciones (ven, toma, dame, coge, come, bebe, juega, sienta, duerme...), espacios (casa, calle, cocina, baño, coche...) y mucho más.
- Puedo comprender órdenes sencillas y seguirlas. "Dame la pelota", "coge el muñeco del suelo", "quítate el zapato", "siéntate", etc.
- Puedo comenzar a ser consecuente con mis actos, es decir a guardar tras sacar, a coger algo que tiro al suelo, a llevar la ropa al cesto de la lavadora, a sacar mi cuchara para comer...
- Puedo comer solo, con mis manos, a mi manera, aunque me ensucie, pero puedo. Debemos dejar que experimenten esto para que aprendan  comer solitos más adelante con cubiertos, pero dándoles su tiempo.

- Puedo beber de mi vaso con boquilla sin ayuda.
- Puedo caminar sin ayuda cortas distancias y cada vez más largas.
- Puedo ayudar en el momento del baño, enjabonándome el cuerpo con ayuda y así conociendo mejor mi cuerpo según me nombran sus partes.
- Puedo garabatear en un papel, empezando a coger una pintura y tratando de seguir líneas como las que hace el adulto.
- Soy capaz de hacer encajes sencillos, ensartar aros en un soporte, poner piezas pequeñas en una base, meter monedas en una hucha, coger piezas pequeñas con la pinza digital...


- Puedo lanzar una pelota tras un modelo, o tratar de chutarla o rodarla a alguien.
- Puedo entender prohibiciones y llevarlas a cabo.
- Puedo permanecer en una misma actividad más tiempo que antes, realizando algo desde principio a fin con ayuda y motivación.
- Puedo ver un cuento con ayuda del adulto, tocando y pasando sus páginas.


Y además de esto miles de cosas más, ya que cada peque es único y diferente, y podrá hacer unas cosas u otras dependiendo de los hábitos que tenga y su entorno.
Esto son sólo algunos ejemplos de lo que podemos hacer con un niño de un año, empezando a hacerle más autónomo y consciente de su realidad. 

Sobre todo quiero que tengáis en cuenta que cuando me refiero a un peque de un año, es desde los doce meses hasta los veinticuatro. Ya que cada uno lo realizará en una edad y un momento diferente.
Como siempre me gusta deciros, el desarrollo de cada niño es único y no debemos adelantarnos al momento que cada uno vive. Todo llegará y hay tiempo para todo.

Ahora sólo os queda disfrutar de vuestro bebé grande un añito.

martes, 17 de febrero de 2015

Ponte en su piel

Os recomiendo este video que nos hace ponernos en la piel de la discapacidad, de quienes viven día a día con ella y reivindican un trato de normalidad, ayudando con empatía, tratando de comprender lo que sienten con cada gesto de la humanidad.
Por favor, compartid y seamos conscientes de nuestros gestos.
Cada día me encanta más este campo.

domingo, 11 de enero de 2015

El sueño


Hoy me gustaría hablaros de la hora del sueño, del descanso de los más peques.

Hay muchas opiniones respecto a este momento del niño, donde encontramos psicólogos y especialistas que afirman que lo mejor es preparar el momento del sueño con rutinas constantes, haciendo que el pequeño encuentre siempre el mismo ambiente y la mismas sensación de tranquilidad y calma y favoreciendo un entorno silencioso, de oscuridad, pausado y seguro.
De este modo el niño aprenderá a calmarse por sí mismo y a encontrar el sueño sin necesidad del adulto para ello. Y poco a poco podrá ir durmiéndose sin necesidad de ayuda y sabiendo que el adulto le acompaña en esta rutina y está a su lado.
Esta vertiente también habla sobre el acompañamiento, donde el pequeño será atendido si lo necesita siempre, aunque llore varias veces o necesite ser cogido en varias ocasiones, para así calmarse y dormirse.
Igualmente, puede ser dormido en brazos y poco a poco adquirir estrategias para no necesitarlo, aunque será siempre acompañado por sus padres, sintiendo cariño, contacto y seguridad.

Por lo contrario, existe la vertiente contrapuesta. Donde son varios especialistas y profesionales de la infancia que indican que lo mejor es enseñar al niño a dormirse solo. De tal manera que paulatinamente se vaya retirando el adulto de su acompañamiento y sea el niño el que busque estrategias para calmarse o se acabe durmiendo de puro cansancio.
Algunos métodos muy famosos, afirman que los niños pueden llorar durante un periodo de tiempo pero acaban calmándose y durmiéndose solos sin necesidad de que el adulto vaya a calmarlos.
Se debe hacer poco a poco y aumentando los tiempos de ausencia del adulto en cada ocasión que el niño llore. Es decir, en la primera ocasión que el pequeño llore iremos al minuto, después a los dos minutos y así hasta llegar el punto al que no acudiremos y el niño deberá calmarse solo.

Como todo en esta vida, los métodos son múltiples y las experiencias de cada uno son únicas. Hay niños que no aprenden a dormirse con métodos que otros sí integran.
Pero aunque estos especialistas afirmen que no causa daño emocional en los niños el dejarles solos llorando durante largos periodos de tiempo, bajo mi experiencia profesional y mis conocimientos, esto está muy lejos de la realidad.

La contención del niño, el acompañamiento y la seguridad de saber que está con sus padres en un momento tan importante y tan necesario de compañía, le hace sentirse más seguro y fuerte, más tranquilo y confiado y, sobre todo, se duerme con la tranquilidad de que sus padres aparecerán siempre que lo necesite, que aunque se duerma, sus padres estarán ahí y le darán el cariño y la tranquilidad si tiene una pesadilla, si no puede dormirse o se ha desvelado.
Muchas veces los niños que aprenden a dormirse llorando, tienen sensación de abandono y evitan el momento del sueño en todo lo posible.

Bajo mi opinión, el sueño es tan importante como la alimentación, la salud, el juego, o cualquier otro concepto de la infancia.
Un niño que duerme seguro y tranquilo, será un niño sano y con un nivel de actividad diurna adecuada. Si por lo contrario, no descansa o tiene pánico al momento del sueño, no tendrá la energía necesaria, estará cansado, evitará el descanso e incluso son muchos los que ven la cuna como un sitio de castigo.

Cada uno debe encontrar el método que mejor funcione dentro de su familia y modificarlo tantas veces como sea necesario para encontrar el éxito y la satisfacción del descanso de todos.
Y como siempre os digo, tengamos empatía y respeto por la infancia. Pensemos qué es lo que nos gustaría a nosotros que hicieran en esos momentos nuestros padres o cómo nos sentiríamos en la piel del niño. Esto nos hará actuar de la manera adecuada, estoy segura.



¡Sed felices y haced feliz al de al lado!

miércoles, 26 de noviembre de 2014

NIÑO BUENO, NIÑO MALO

Son muchas las veces en las que oímos estas palabras en nuestro día a día.
Ayer mismo una conocida me preguntaba que por qué creía yo que había cada vez mas niños malos.
Ante mi asombro por tal afirmación me decido a escribir este post, donde creo totalmente necesario que la gente conozca e interiorice la realidad de lo que son los niños.

Desde que empecé a trabajar con niños he podido observar personalidades y conductas totalmente contrapuestas, diferentes y únicas, pero esto sucede en cada uno de nosotros no sólo en los niños, ¿no?
A veces tendemos a pensar que es más sencillo creer que los niños vienen ya con un carácter y un comportamiento escrito en su ADN en lugar de reflexionar sobre lo que le ha llevado a ser o comportarse de este modo.
Es más sencillo echar balones fuera y pensar que no tiene solución, que hacer autocrítica y mejorar desde nuestras capacidades.
Cada niño podrá ser de un modo u otro dependiendo de su genética, del ambiente y del entorno.
Es decir, influye el medio donde nace, las posibilidades de su entorno, el ambiente que le rodea y su genética, ya que cada uno es diferente.
Pero lo que realmente determina el comportamiento es el desarrollo de la vida. 
Dependiendo del día a día de cada uno, se definirá el comportamiento, la personalidad, el carácter y la forma de ser del niño.
La empatía y el ejemplo son dos bases fundamentales en la educación de los niños. Cuando un niño observa que sus referentes en el mundo dan ejemplo de empatía con el resto, realizan aquello que tratan de educar y son responsables de lo que predican, siguen a tales y comprenden e integran estos comportamientos y los hacen suyos. 
Es decir, si a un niño le pedimos que recoja pero jamás nos ve recoger, no tendrá ejemplo y no podremos exigirle lo mismo que a uno que lo ve en su rutina diaria.

Los niños no son ni buenos ni malos, son niños. Nacen como masa moldeable, como arcilla o plastilina que va tomando forma según sus vivencias y experiencias en la vida.

Cuando un niño siente frustración en la infancia y no tiene herramientas para expresarse, mostrará esta frustración de la manera más primaria. Pero con ejemplo, dedicación, paciencia y esfuerzo y muuuucho cariño, aprenderá a resolver sus conflictos con ayuda de sus referentes. 
Los niños no son malos, expresan sus sentimientos de un modo primario, haciéndonos ver sus necesidades con acciones y no con palabras.
Se enrabietan ante una situación que no comprenden, que no saben manejar, pero somos los adultos quienes debemos darles herramientas para manejar la frustración y los conflictos.

Yo tengo muy claro que un niño hace lo que ve y aprende lo que vive. Si se rodea de bondad, atención, dedicación y cariño, integrará esos valores y los hará suyos, siendo una persona bondadosa, atenta y cariñosa con su entorno.
Si por el contrario, recibe castigo, gritos, falta de atención y poca dedicación, lo mostrará en su comportamiento y sacará su enfado en forma de rabieta.

Os invito a reflexionar sobre ello y a cambiar la idea de todo aquel que cree que hay niños buenos y niños malos.
Los niños son niños. No van más allá de la sencillez y lo primario. No son capaces de meditar su comportamiento para hacer la vida imposible al que tienen al lado.
Cada vez que nos encontremos ante un niño frustrado, que pega o grita o tiene una rabieta, pensemos qué es lo que le ha llevado a esta situación y cómo podemos empatizar con él, comprenderle y darle herramientas para que aprenda a manejar esta situación.


Protejamos la infancia, con respeto y amor, dando ejemplo de lo que decimos ser.

viernes, 24 de octubre de 2014

Formando la personalidad

La forma en la que tratamos a los niños es muy significativa y conlleva muchas consecuencias.
Toda la personalidad se forma en los primeros años de vida del pequeño y dependerá de lo que reciba del ambiente, de su núcleo familiar, del entorno en el que viva y del modo en que se críe.
La sociedad nos impone los límites en los niños desde que nacen. Hay una gran corriente que sigue pensando que el "no" es esencial desde que nacen para hacer ver a los niños lo estricta que es la vida y lo necesario que es seguir las normas desde el principio.
Esta misma corriente defiende varios puntos con los que no estoy de acuerdo, como el alimentar a los niños con un horario, hacerles dormir solos desde el inicio para que aprendan a calmarse por sí mismos y a respetar un horario de descanso para todos; también se tiende a pedir al niño dar abrazos y besos a personas desconocidas (o conocidas) a la hora de saludar o despedirse o que el pequeño tenga que comer primero sin posibilidad de cambio de alimento o cantidad si no quiere o no le gusta... Y así otras tantas ideas más, afines a esta forma de pensar y actuar, que defienden la infancia como el momento donde educar al niño a que siga lo planteado por el adulto sin posibilidad de debatirlo y de ver la individualidad de cada uno.
En mi opinión los extremos nunca son buenos, y lo que es lo mejor para un caso no lo es para el otro, ya que como siempre digo, cada niño es único, aunque sea de la misma madre y el mismo padre y haya nacido en el mismo lugar, ya no será igual en condiciones que el hijo anterior, ya que será el segundo hijo y no estará solo como el primero. Así que cada caso debe tratarse como tal.
La flexibilidad en la crianza nos da más paz, ya que las ideas preconcebidas nunca suelen tener éxito. 
Basta con que llevemos algo planeado para nuestro día para que el niño se comporte totalmente diferente y nada salga como habíamos planeado. Por eso es importante ser flexible y empatizar con el pequeño, poniéndonos en su lugar de Niño y siendo capaces de mirar a través de sus ojos.
Los niños necesitan varias oportunidades para aprender algo, para entenderlo, asimilarlo y adquirirlo como suyo. Si no somos capaces de flexibilizar y dar oportunidades el peque no comprenderá lo que está sucediendo ni la reacción del adulto. 

Me gustaría poneros un ejemplo:
Un niño de dos años entra en un establecimiento y encuentra un montón de chucherías y aperitivos que llaman su atención. 
Su hermano de cinco años le pide a sus padres que le compren una piruleta. Los padres acceden de inmediato y el niño de dos años al ver que su hermano tiene una piruleta dice que también quiere algo. 
Los padres rápidamente le dicen al pequeño: "¿quieres una piruleta?, ¿quieres un chupa chups?, ¿quieres un caramelo?, ¿quieres un picapica?, ¿qué quieres hijo?, ¡dinos! ¡venga!".
El niño de dos años está mirando todo lo que hay y tratando de digerir las miles de preguntas que le hacen sus padres, añadido a la mirada del dependiente y de la gente de la fila que espera. 
Los padres no entienden que tiene dos años sólo y, piensan que bastante que le están dando a escoger entre varias chucherías y encima no se decide. 
Así que tras tanta pregunta le dicen: "Pues tu hermano ya se ha decidido y hay mucha gente esperando. El próximo día escogerás más rápido, que parece que hoy no quieres nada."
El niño de dos años se queda confuso, no sabe muy bien qué pasa y cuando se quiere dar cuenta sus padres están yendo hacia la puerta y le dicen: "Vamos, que te quedas ahí solo. Tu verás, nosotros nos vamos. Adiós hijo. ¡Ay madre mía! ¡Hay que ver como estás hoy hijo!".

Y ahora yo os pregunto: 
¿Qué pensáis de esta situación? 
Quizás estéis pensando que eso no pasa normalmente y que es un caso raro, pero os aseguro que delante mío lo he vivido varias veces. 
Seguro que los padres no creen estar haciendo nada mal y su intención no es mala frente al niño, simplemente piensan que le han ofrecido comprarle algo y encima no ha querido y además de todo ha montado una rabieta sin venir a cuento. Así que habrá que ponerle límites.
Aquí está la empatía de la que os hablaba. 
A los niños hay que hablarles a su altura y darles un tiempo prudencial para responder, haciendo preguntas concretas y sencillas y dejando que respondan antes de la siguiente.
De este modo comprenderán lo que pasa y la situación que viven.
Si empleamos un tono brusco y tras una rabieta no acompañamos a los niños, no aprenderán a resolver sus conflictos.
Si tratamos de enfrentarnos a un problema con discusiones, tono de voz alta, insultos y malos gestos, reproducirán lo mismo a la hora de enfrentarse a sus propios problemas.
Si por lo contrario damos herramientas para enfrentarse a lo que viven, tendrán armas para comprender al resto, resolver problemas, ser empáticos, pacientes y sociables.
Los niños reproducen lo que ven y lo que viven y se enrabietan cuando no pueden resolver sus conflictos y no tienen herramientas.
La flexibilidad dentro de la convivencia es esencial. Para todos no sirven los mismos consejos y no todos hemos sido educados del mismo modo.
Por todo ello hay que respetar a aquellos que educan a los niños de un modo u otro pero siempre defendiendo la infancia ya que los niños son seres inocentes, llenos de alegría y con muchas ganas de absorberlo todo y comerse el mundo.
La flexibilidad en la educación, el respeto, la empatía y la comprensión son la base para entender la educación de cada uno y la que cada cual da a sus hijos. 
Pensemos en lo que queremos que sean los niños de mayores. En cómo queremos que sean. Y tratemosles de la forma adecuada para que absorban lo bueno y se conviertan en algo mejor. 
Hay muchos modos de poner límites y los gritos, los insultos, la violencia o el miedo no entran dentro de lo correcto y lo permitido para educar a un niño. Desde el cariño, la comprensión y el respeto llegaremos lejos y formaremos personalidades respetuosas, empáticas, cariñosas y comprensivas con el resto.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Crianza con respeto

Qué importante es la Felicidad de un niño.
Desde antes de que nazcan el entorno se encarga de ir organizándote y estructurándote cómo creen que debes llevar tu embarazo, tu crianza, la alimentación, la escuela que debes escoger, dónde debe dormir el bebé, agua sí o no... Y un largo etcétera que en cada caso es diferente.

Y cuando vives el Embarazo piensas, que nada de todo esto me salpique y que pueda vivirlo como yo escoja junto con mi pareja, que podamos criar y educar a nuestro bebé lo mejor posible pero siempre a nuestra manera, a nuestro modo de verlo... Ya que no es la manera de nadie más.

Y cuando llega el Bebé, tras una larga espera, donde te imaginas su cara, piensas en que haya salido todo bien y en que el parto sea rápido, todo se resume en querer darle lo mejor.

Tu primer Encuentro con él quieres que sea perfecto, que te lo dejen sobre el pecho, que se enganche a él, que te mire a los ojos, que puedas estar con él mil horas a solas... 
En definitiva, Todo lo que buscamos es Protegerlo, como haría cualquier mamífero con su cría recién nacida.
Y el Instinto es esencial en toda esta parte. Yo no sabría decir por qué tomé ciertas decisiones sin ninguna base o sin tener en cuenta los miles de consejos que me daban pero como yo conocía a mi bebé no lo conocía nadie. Y está claro que debemos hacer caso a los profesionales, pero el instinto es esencial en la crianza.
Tu eres quien ve a tu hijo, quien lo ha llevado dentro, quien lo duerme y baña cada día, y eso nadie puede cambiarlo. Lo que tu has conseguido conocer de él, no lo ven el resto. Y quizás los demás vean otras cosas que tu no ves, pero quien más conoce al bebé son sus padres. 

Poco a poco cuando el ritmo de sueño se va logrando y la alimentación está establecida a demanda y correctamente, empieza a aparecer gran cantidad de información y de nuevo el entorno próximo o lejano, comienza a cuestionar si el pecho es normal darlo a partir de los seis meses, si el bebé es ya mayor para dormir con los padres, si es malo cogerle cada vez que llora, si debe dormirse ya solo y no en brazos o si debe comer purés o sólidos (entre otros).
Todo en cada etapa tiene su público, y somos muy dados a opinar del resto sin pensar en lo que nosotros estamos haciendo o hicimos con nuestros hijos.

Y en definitiva yo reflexiono y me pregunto: ¿Qué es lo que todos buscamos? ¿Qué es lo que deseamos? ¿A dónde queremos llegar? ¿Qué nos encantaría lograr? La felicidad de nuestros hijos.

Y piensas, Yo le comprendo y le hago feliz a mi manera. Intentando darle lo mejor que tengo, fomentando un vínculo seguro entre ambos y dándole seguridad en todo su desarrollo. Enseñándole el mundo de mi mano, dándole de comer de mi pecho y durmiendo junto a sus padres, porque hay momento para todo, y él solo escogerá cuando está preparado para ello. De este modo su despegue será definitivo y no necesitará ir y venir en su decisión. 
Sabrá que sus padres están siempre junto a él y respetan sus necesidades y le dan tiempo para ser Niño. 

¡Qué importante es la Infancia!
Es nuestra base, es nuestro pilar para asentarnos sobre algo firme. Para crecer sanos tanto física como mental y emocionalmente.

Y el Respeto es esencial. Respetemos al resto, a los nuestros, a lo que escoja cada uno, porque nadie tiene la clave de lo perfecto ni de lo exacto. Cada uno lo hace como mejor sabe y cree que debe.

¡Feliz jueves a todos!

domingo, 20 de julio de 2014

Responsabilidad


Está clarísimo que un niño es lo que ve, ya que aunque es cierto que la carga genética es fundamental y determina gran parte de lo que somos, el entorno y el ejemplo que vemos es lo que acabamos siendo.
Es fundamental que el niño viva en un ambiente saludable, alegre y de respeto, donde los adultos protejan al menor y eviten que viva situaciones inadecuadas o incluso negativas.
Ante todo hay ciertos aspectos que ya conocemos y parece que se tienen cada vez más claros, como no fumar delante de los niños e incluso añado, no fumar delante de su vista, no sólo para que no respiren el humo sino para que no observen el hábito.
También evitar otros olores que pueden ser negativos o contraproducentes sería lo ideal.
Ante todo respetar pero sin volvernos locos y extremistas, ya que sino no podremos ir a ningún sitio.
También es muy importante cuidar las zonas donde esté el peque, protegiendo las esquinas, aunque sea con las manos, los enchufes, las puertas y cajones, las escaleras... Yo no modificaría mi casa, simplemente lo justo.
La alimentación debe ser la adecuada para la edad del niño, respetando sus gustos y preferencias y yo no obligaría al pequeño a comer, dejaría más libertad a la hora de alimentarse, ya que en algún momento todos (o casi todos) acaban comiendo.
En cuanto a los sentimientos, aquí comienza el origen de este post, creo que es esencial darle un ejemplo al niño de alegría, cariño, afecto, respeto... donde pueda tomar los valores de su personalidad e integrarlos e ir organizándolos dentro de sí mismo.
Cada día tengo más presente la importancia de estos valores y creo que es esencial ser un ejemplo para los que vienen, mostrando lo mejor de nosotros mismos, siendo, eso sí, realistas. 
No hace falta idealizar la infancia ni mostrarlo todo de color de rosa, sino intentar dramatizar poco y darle la importancia justa a cada cosa, haciendo que nuestros pequeños sean lo más felices posible y crezcan seguros, sanos, con fuerza y amor.
Ellos están en el mundo porque dos adultos así lo quisieron, así que son nuestra responsabilidad. 
Seamos responsables.

miércoles, 16 de julio de 2014

Respeto


Cada día me planteo más y más lo importante que es respetar la forma de crianza de cada uno, la manera de llevar a cabo la educación de los hijos, el modo de verlos y de tratarlos. 
Será porque continuamente veo a gente que juzga al resto dentro del ambiente en que me encuentro. Gente que habla con libertad y sin pensar sobre lo que realmente hace la familia de al lado; gente que critica a gritos lo que los demás hacen sin verse a sí mismos en un espejo ni pensando en las necesidades del otro.
También es verdad que hay gente que parece que necesita criticar al otro para sobrevivir, para respirar y sentirse vivo, ya que si no lo hace explota o revienta.
Y nadie es perfecto y por supuesto que yo la primera, pero intentó ir aprendiendo a observar cada día más y a respetar lo que cada uno escoge, ya sea lactancia materna o de fórmula, colecho o dormir en cuartos separados, guardería o no, y así en un largo etcétera que envuelve y rodea la crianza de los niños. 
Hacer autoreflexión y tratar de mejorar es esencial para crecer como ser humano. 
Qué importante es escuchar, observar, oír, ver y saber callar y, apoyar. Nadie dice que sea necesario tener la razón o ni siquiera debatirla, no hay que llegar al punto de quién lleva razón o quién no, simplemente entender el buen hacer del de enfrente y no juzgar de forma continuada como si lo que nosotros hiciéramos fuera lo ideal y lo correcto y lo del resto estuviera mal o dañara al niño.
También es verdad que la experiencia personal cambia muchas de las ideas preconcebidas y hace que modifiquemos lo planeado por lo espontáneo, dejando que fluya lo que va surgiendo cada día sin planificar cada movimiento.
Es el niño el que acaba escogiendo muchas de las opciones que la vida le ofrece y los padres o los profesionales deben respetar y encauzar dichas decisiones para que sean las mejores en nuestro caso, sólo y únicamente en el nuestro.

miércoles, 18 de junio de 2014

Observación

Mi trabajo en Atención Temprana tiene muchos pasos y suelen darse despacio y con tiempo para que se afiance cada uno de ellos.
El primero de todos es la observación.
Para conocer a un niño hay que observarle y respetar su espacio, el que cada niño demande. Hay niños que necesitan más tiempo y otros que cogen confianza y se acercan antes al adulto.
Hay niños que prefieren empezar a experimentar solos y otros que necesitan de la compañía del adulto desde el primer momento.
Por ello, la observación es necesaria. Gracias a ella conocemos a cada pequeño. Ellos son los que nos muestran sus necesidades, gustos, maneras de actuar, modos de comprender y expresar, ...
Hay sesiones que se basan esencialmente en eso. Observamos al niño con los juguetes y el material que le damos o le invitamos a coger. O incluso observamos qué es lo que hace sin ninguna pauta, cómo se desenvuelve con libertad.
Observamos cómo de forma maravillosa hace muchas cosas por sí mismo, sin necesidad de hacerlo con alguien o de ser guiado.
El silencio es imprescindible en muchos momentos de nuestro trabajo. En ocasiones esa calma, ese estado de tranquilidad y neutralidad es el que hace que el niño saque más de sí mismo y se exprese de forma pura, sin ninguna guía o modelo.
Es maravilloso observar cómo un niño se organiza, resuelve conflictos del día a día, da respuesta a los problemas que le surgen, sin ayuda de nadie, con sus herramientas.
Observar como un niño come, juega, intenta asearse, cierra o abre una caja, guarda, pinta, o cualquier otra acción, es sorprendente.
Es imprevisible saber lo que van a hacer y cómo lo van a hacer.
Casi siempre dan más de lo que esperamos y resuelven los conflictos de mejor modo al que pensábamos.
Por todo ello, la observación es imprescindible para conocer a los niños y respetarles, dejarles experimentar, favorecer su imaginación, potenciar la resolución de conflictos de forma autónoma.
Mediante la observación el niño se expresará con libertad, en esencia pura y, podremos observar claramente lo que es capaz de hacer.
Observad a vuestros hijos, a vuestros alumnos, a los niños que conozcáis y veréis lo maravilloso que es el ser humano desde que nace.

martes, 17 de junio de 2014

Nuevos títulos con amor

Hoy quiero hablaros de unos cuantos títulos que he encontrado atractivos para nuestra biblioteca. Son libros que hablan sobre amor y sentimientos y la explicación sencilla para que un niño los comprenda a su manera.

1- Besos besos. Escrito por Selma Mandine. Editorial Miau.
Este precioso libro trata sobre los diferentes besos que experimenta un niño en su día a día. Desde el beso de la abuela tan característico al húmedo beso de su perro. Tiene unas ilustraciones preciosas y es muy tierno.
2- Adivina cuánto te quiero. Por Sam Macbratney. Editorial Kokinos.
Se trata de dos liebres, una que insinúa ser la mamá o el papá y otra que parece ser el hijo o la hija, que se expresan cuánto se quieren haciendo comparaciones y tratando de expresarlo con palabras y gestos. 
Cada página es más dulce que la anterior. Muy recomendable.
Hay una versión a tamaño gigante que encantará a vuestro peque.
3- Te quiero. De Elen Lescoat y Bénédicte. Editorial Miau.
Sus dibujos son muy tiernos. Explica las diferentes maneras de querer a cada persona del entorno. Comenta la diferencia entre querer a un amigo, a un papá o una mamá, a los abuelos... Un libro sencillo donde poder explicarle a tu pequeño las diferentes formas de amar.


4- Mamá maravilla. Elen Lescoat y Orianne Lallemand. Ediciones Jaguar- Miau.
Este libro resalta la figura de la súper mamá. Describe todas las facetas de la mami: la trabajadora, la guapa, la divertida o la enfadada entre otras. 
Es un libro con ilustraciones bonitas y que puede servir para explicar al peque los diferentes estados de la mamá, dependiendo del momento y la situación. 

Mis preferidos son los dos primeros, aunque todos son bastante económicos e invitan a iniciarse en la lectura de una forma tierna y amorosa. 
Los sentimientos y su expresión son temas que siempre resultan complejos en la infancia, y que necesitan de su verbalización para una mejor compresión y por tanto, expresión.

lunes, 9 de junio de 2014

La empatía

La empatía es la capacidad de saber ponerse en el lugar del otro y entender los sentimientos de éste como si fueran los nuestros. 
Este aspecto pertenece a la inteligencia emocional del ser humano y se desarrolla desde que somos muy pequeños y durante toda nuestra vida, ya que puede modificarse siempre que lo trabajemos y queramos.
Es esencial fomentarlo desde la infancia, enseñándole al niño cómo somos capaces de ponernos en su lugar y dar prioridad a sus sentimientos cuando él nos lo demanda.
De igual modo según crece, debemos explicarle esto mismo con ejemplos, ya que es un concepto difícil de explicar para un niño.
En mis sesiones de psicomotricidad empleo mucho este ejercicio:
Cuando un niño pega a otro, le empuja, le quita algo o hace algo que no es adecuado le pregunto "¿A ti te gustaría que te empujaran/quitaran el juguete/pegaran...?" Y el niño de para unos segundos, piensa y contesta normalmente "No". De este modo se pone en los zapatos del otro, se mete en la realidad que el otro niño está viviendo y reflexiona sobre lo que está haciendo y modifica su conducta.
Igualmente sucede para cuando tiene una rabieta. Si somos capaces de dar palabra a lo que siente, o creemos que siente y demostramos empatía con sus sentimientos, el pequeño comenzará a sentir que le comprenden y a saber expresarlo mejor.
El ejemplo es la mejor manera de enseñar algo a los niños.
La empatía es muy importante para saber convivir en la sociedad, ser un ser social, que se relaciona con los otros sin pensar sólo en sí mismo y sus sentimientos. 
Realizando esas preguntas a los niños y a nosotros mismos seremos capaces de tener mayor empatía a la hora de estar con el resto y comprender al de enfrente.

jueves, 29 de mayo de 2014

Respetar el contacto

Que importante es para el adulto complacer sus necesidades sin darse cuenta de cuáles son las del niño.
Cuando un bebé nace y tiene tan solo horas recibe muchas visitas de familiares y amigos de la familia. Hay algunos más cercanos y otros que acuden por compromiso. Ahí cada uno debe medir la cantidad de gente que quiere que acuda al hospital y quiénes deben ir allí o a casa cuando ya hayan pasado unos días, dependiendo del grado de cercanía y la relación.
En casi todos los casos hay gente que tiene la necesidad de coger al niño sin pensar en cuáles son las necesidades reales del bebé y de la mamá. 
Es difícil poner límites a aquellos que se lanzan a coger al peque pero es importante dejar claro cuáles son las necesidades del recién nacido en este momento tan importante.
A veces hay que ser claros y explicar que no es momento de complacer a los adultos sino al recién llegado al mundo.
Lo mismo va sucediendo según éste va creciendo. Son muchos los que piden coger, besar, abrazar al niño en los encuentros. Está claro que es importante medir quiénes son los que lo demandan, ya que abuelos, tíos o amigos muy cercanos tienen ganas de demostrar el afecto al niño de este modo y sienten gran ilusión por besar y tocar al bebé, como es lógico y comprensible. 
Otros sin tanta cercanía tienen su propia necesidad y no respetan la del niño. Y esto incomoda mucho al peque ya que se enfada, extraña y se ve separado de su madre sin comprender nada de lo que está pasando.
Pedir permiso al niño a través de la lectura de las señales que nos emite a la hora de acercarnos a él es lo que mejor nos va a aclarar cuál es el momento adecuado para este contacto. 
Respetar cada momento del niño y de la mamá es esencial para elegir el momento correcto para ofrecer cariño al bebé, ya que a la hora de mamar no es adecuado acariciar o besar a un niño que no es el nuestro, por ejemplo. Simplemente siguiendo normas básicas y siendo cautelosos aprenderemos a respetar los tiempos del niño y a conocer cuál es el momento para cada cosa.

lunes, 26 de mayo de 2014

Capacidad de elección


Siempre escuchamos hablar de las rutinas, la necesidad de organización, de escogerlo todo y dárselo por hecho al niño para que no se descoloque y no tenga opción de pensar algo diferente a lo propuesto por el adulto... Y yo me planteo si esto es lo mejor para todos y si es necesario para la educación de un niño, ya que la espontaneidad, la improvisación y la capacidad de elección por parte del niño, quedan en un segundo plano o llegan a ser incluso inexistentes.
¿Es esto lo que queremos? ¿Así vamos a enseñar a nuestros hijos a decidir lo que es lo mejor para ellos? ¿Están obedeciendo o aprendiendo a escoger por sí mismos? ¿Qué queremos enseñarles con todo esto?
Yo creo que hay ciertas pautas, normas u horarios que deben seguirse y establecerse por los adultos, ya que los niños no son capaces de valorar lo adecuado o inadecuado para ellos a su temprana edad. Pero también hay ciertos aspectos que debemos dar a escoger, solicitar opinión, fomentar su elección propia para propiciar un crecimiento intelectual y madurativo.
Al inicio podemos proponer una selección previa cerrada para que escojan entre esta, es decir, en casos cotidianos podemos dejarles escoger según su criterio cuando lo deseemos como, por ejemplo, ofreciéndoles cuatro camisetas y que elijan la que más les guste para vestirse. Lo mismo se puede hacer cuando llegue la hora de la merienda donde les podemos ofrecer bocadillo de diferentes cosas o frutas distintas, una selección que escojamos anteriormente y de ahí que ellos mismos seleccionen lo que más les guste. O a la hora del postre. Y también podemos hacerlo cuando llegue el momento de jugar, que escojan los juguetes que quieren para cada tarde, o con los que van a bañarse...
Si ofrecemos una selección previa muy amplia quizás no sepan qué deben hacer o cuáles son las decisiones adecuadas, pero con un filtro previo por parte del adulto donde tengan tres o cuatro opciones, aprenderán a escoger por sí mismos poco a poco.
De la mano del adulto les será sencillo y se irán sintiendo más seguros y capaces de realizar tareas por sí mismos.
Es esencial inculcar este tipo de aprendizajes a nuestros hijos o alumnos para que vayan haciéndose responsables de sus elecciones y actos, para que comprendan las consecuencias tras una elección, sean más responsables, autónomos y maduros pero siempre acompañados del adulto, de su referente y modelo.
Así observaremos que paulatinamente el pequeño es capaz de escoger lo correcto y lo que le gusta, sin necesidad de ayuda, generando su propia personalidad, sus gustos, formando su esencia y sin ser guiado para todo, sino con decisión propia y en definitiva, con capacidad de decisión, razonamiento y elección personal.

martes, 20 de mayo de 2014

Respuesta al llanto


Hoy quiero hablaros sobre algo que se plantea en mi día a día, tanto a nivel profesional como personal.
Hay varias corrientes que hablan sobre cómo hacer que el niño deje de llorar y se calme solo, y explican que la mejor solución es ir dejando al niño cada día períodos de tiempo más largos cuando llore, es decir, si le dejamos en la cuna y llora, esperar el primer día unos minutos y luego ya acudir a su llamada e ir dejando cada vez más tiempo paulatinamente hasta que acabe calmándose un día por sí mismo.
Otras líneas van por el lado más extremista y hablan de dejar al niño llorar hasta que se calme por sí mismo sin acudir a su llamada, ya que esto hará que deje de llorar a los pocos días porque no recibe respuesta alguna al llanto. 
Por último, comentar que hay otra vertiente que explica que el llanto del niño debe ser atendido cada vez que existe, ya que es su forma de comunicarse con el entorno y los niños no lloran porque sí, sino como llamada al adulto, para recibir cariño, contacto, alimento o calma. 
Los niños no nacen teniendo las herramientas adecuadas para ser autosuficientes y necesitan de sus padres para calmarse, aprender a dormir, comer, sentir calor, sentirse limpios, etc.
La primera corriente que os he comentado, es intermedia a mi manera de entender, ya que no consiste en no atender al llanto sino en ir dejando que el niño vaya aprendiendo a calmarse solo. En mi opinión no es la manera de hacerlo, ya que el peque deja de llorar porque no le atienden y se cansa, porque es pequeño y acaba durmiéndose a falta de atención.
El segundo método me parece inadecuado en todos los casos, ya que dejar llorar a un bebé para que aprenda desde que nace a no llorar, resulta egoísta por parte del adulto. Simplemente para que el pequeño no moleste, le dejamos berrear unos días y cuando sienta que su llanto no va a ser atendido bajo ninguna circunstancia, dejará de hacerlo. Pero es lógico, ¿quién seguiría llamando a alguien de mil formas si jamás es atendido? Imaginaros estar llamando a vuestra pareja: "Juan, Juan, cariño, Juan, ¡oye!, ¡Juaaaaaannnn!, ¡Juanitooooooo! ¿Me oyeeeesss? ..." Si os pasa esto tres días seguidos o mucho menos tiempo, lógicamente pensaréis que estáis perdiendo el tiempo llamando a vuestra pareja, porque de ninguna manera os hace caso y parece que ni os escucha.
Lo mismo le sucede a los niños. Su herramienta primaria de comunicación es el llanto. Si no atendemos a las señales previas a éste ni al llanto en sí, deja de realizarlo porque no es útil ni funcional para comunicarse con su entorno.
Después de tantas teorías, cada uno debe escoger la suya propia y defenderla si está seguro de la decisión que toma. 
Lo que yo tengo claro es que la última teoría es la que yo escojo con los niños con los que realizo terapia y con mis propios hijos, ya que el llanto para mi es su modo de expresarme que algo no va bien, que no están cómodos, que tienen sueño, hambre o se sienten sucios o simplemente que necesitan cariño y estar en brazos.
Hay gente que denomina a esto consentir al niño, no ponerle límites y seguir las reglas que él decide. Yo, por el contrario, creo que es esencial atender a las demandas del bebé para que poco a poco sienta seguridad y confianza en sus padres y se vaya él solo separando de ellos sin imponerle ser maduro desde que nace.
Ningún mamífero deja llorar a sus crías para ver si así maduran antes y se hacen autónomas e independientes y dejan de molestar con el llanto lo antes posible.
Creo que como profesional yo escogí esta carrera y esta práctica y eso incluía sonrisas por parte de los niños y llantos que hay que atender. Sino podría haber escogido otra profesión. 
Lo mismo me sucede pensando en la maternidad. Si pensé en ser madre y ahora lo soy, sabía que tendría que atender a mis hijos a cualquier hora y en cualquier circunstancia, y sería muy egoísta pensar que el sacrificio debe hacerlo el bebé en lugar del padre, porque yo no esté dispuesta a estar con el bebé a todas horas. 
Es decir, para que yo no aprenda a calmar el llanto del bebé y no me moleste, debe molestarse el bebé y aprender él solito a calmarse con tan solo días. Muy lógico a mi no me parece y ¿vosotros que pensáis?

lunes, 19 de mayo de 2014

La importancia de la despedida


Ya sabemos que a ninguno le suele gustar despedirse de alguien al que quiere. En alguna ocasión ya he comentado algo sobre este tema pero hoy me gustaría profundizar más. 
Cuando tenemos que despedirnos de nuestro bebé o nuestro niño para ir a trabajar o para separarnos un rato por el motivo que sea, a veces se hace costoso, ya porque le cueste a los padres o porque el niño ya sea consciente de lo que esto supone y lo sufra y muestre o porque les cueste a ambos.
En muchas ocasiones las familias esperan a que los niños estén dormidos o despistados para dejarles con el cuidador, el familiar o en la guardería y así poder irse sin vivir esa experiencia de separación tan difícil y costosa.
Desde mi conocimiento y experiencia profesional aconsejo que esto no se haga, ya que los niños en ese momento preciso no sufren por la despedida ya que no son conscientes de la separación que se está dando pero al despertarse o situarse estarán confusos, desorientados y sin saber dónde están sus padres, los que le dejaron durmiendo o jugando un rato.
Lo mismo debemos tener en cuenta si vamos a dejar al pequeño en un cumple y le hemos dicho que nos quedaremos esperándole fuera o si le llevamos a algún sitio y de repente desaparecemos en cuanto él se despista. Debemos cumplir lo prometido.
El niño vive este tipo de "engaños" con mucha inseguridad, desorientado, angustiado por lo que está pasando, ya que se acostó o se despistó jugando y estaba con sus padres y al ratito sin explicación alguna ya no estaban y se encuentra con otras personas diferentes y sin saber medir el tiempo ni comprender qué ha sucedido. 
Por todo ello los niños se angustian tanto, porque no son capaces de comprender que papá y mamá van a volver aunque se hayan ido, no miden el tiempo y esto les angustia e intranquiliza. Siente abandono. 
Si por el contrario, los padres anticipan la situación y explican cuánto rato van a estar fuera (por ejemplo: volveremos a la hora de merendar, a la hora de bañarte, después de los dibujos o cualquier otra cosa que oriente al niño en el tiempo), el pequeño estará más calmado y podrá aprender a separarse de sus padres sin angustia y confiando en ellos.
Por lo tanto la despedida es muy importante. Desde el nacimiento debemos hacerlo correctamente y despedirnos de nuestros hijos cuando vayamos a separarnos un rato de ellos, sin inventar excusas y tratando de anticiparles así lo que va a suceder. Fomentando un vínculo seguro y sano entre ambos. Haciendo que el niño confíe en sus padres y sea cada vez más consciente de la realidad, sin mentiras. 
Las despedidas también pueden realizarse anticipando la siguiente bienvenida, es decir, diciéndole al peque lo que haremos al volver a vernos, las ganas que tendremos de que nos cuente lo que hizo mientras no estábamos juntos, de jugar a la vuelta... Así fomentaremos que no sea tan costosa la manera de despedirnos y el niño comprenderá que esta separación es un "hasta luego" y no un "adiós". 

lunes, 5 de mayo de 2014

Quemando etapas


A diario en mi trabajo me enfrento a las dudas, a las situaciones y a los miedos de cada familia con la que trabajo. Me doy cuenta de que cada uno tiene su manera de ver a su hijo y de asimilar sus circunstancias. 
Mi tarea es proponer unos objetivos a corto y/o a largo plazo e ir trabajándolos conjuntamente con el niño y la familia para alcanzarlos, o al menos intentarlo, en el tiempo que el pequeño vaya marcando. 
A veces estos objetivos se consiguen rápidamente y se planifican otros nuevos de tal modo que vamos haciendo una programación del tratamiento individual y específica, sólo para ese niño. 
Otras veces los objetivos son complicados de alcanzar para el peque y se proponen otros medios para trabajarlos o para potenciar otros nuevos que resulten más sencillos o de un área diferente.
Es decir, el trabajo de los profesionales de mi campo es continuo y varía según la evolución del tratamiento y de la respuesta directa del niño. Todo se puede modificar sobre la marcha y potenciar de un modo diferente al establecido al inicio.
Esto fomenta que los objetivos puedan alcanzarse más rápidamente, ya que no se insiste con métodos inadecuados para ese niño, sino que se modifican para ser más prácticos y efectivos para cada caso.
Según se van observando pequeños avances o incluso la consecución del objetivo pautado, las familias van marcándose sus propias expectativas, algo totalmente lógico y comprensible.
Pero yo pienso ¿es una carrera sin meta?, ¿a dónde pensamos llegar?, ¿cuál es el objetivo final?, ¿alcanzaremos la satisfacción ante un objetivo logrado?
Mi sensación general ante la educación de un niño es que una vez alcanzado un objetivo en lugar de celebrarlo y estar muy satisfechos ante tal acontecimiento, proponemos de inmediato otro sin dar tiempo al festejo y la asimilación del anterior. Parece que a veces nunca es suficiente. 
Desde que un bebé nace vamos marcándole objetivos: que se coja al pecho, que se calme al cogerle, que me mire, que coja una cosita, que se de la vuelta, que gatee, que camine, que hable, que ... Y así hasta que un día el bebé tiene la misma estatura que nosotros y no nos hemos parado a disfrutar prácticamente de los logros, sino que nos hemos ido poniendo metas y más metas que nos hacen sentirnos como el eterno insatisfecho.
Es muy bueno marcarse metas y ser trabajador y exigente con uno mismo, pero siempre y cuando no perdamos de vista el lado emocional y la sensación real que debe estar viviendo el niño.
A veces en mis reuniones con las familias les planteo algo que a mí misma me hace reflexionar mucho: "¿Qué recuerdas tu de tu infancia?" Y ante esta pregunta la respuesta siempre es parecida: "Me acuerdo cuando mis padres me llevaban a tal o cual sitio, cuando íbamos de viaje, jugar con mis amigos, etc." En definitiva recordamos aquello que nos gustaba con mucho cariño y tratamos de borrar aquello que nos ha hecho daño o no nos gustaba tanto. Por eso mismo, ¿qué queremos que recuerden nuestros hijos? Yo pienso que querremos que recuerden lo orgullosos que estuvimos de ellos al alcanzar algo o simplemente al intentarlo, de lo que jugamos con ellos cada día, de lo que disfrutamos del parque o del paseo de fin de semana, de los ratos de lectura antes de dormir, de la seguridad que les dimos para intentar algo nuevo, del ánimo y la ayuda y, por supuesto, de la exigencia y perseverancia para alcanzar sus sueños agarrados siempre de nuestra mano. 
Por todo ello, no quememos etapas, disfrutemos de cada una el tiempo que el niño nos marque. Cada uno es único y diferente y tiene un ritmo individual donde necesita pasar más o menos tiempo por cada una de ellas, pero este tiempo será establecido por ellos y por las necesidades que tengan y no porque deben llevar un ritmo por encima de sí mismos.
La vida es muy larga y cada etapa tiene una esencia única y maravillosa y más dentro de la Infancia.

domingo, 4 de mayo de 2014

Vuelta a la rutina

Después de unos días de vacaciones en Madrid, a veces cuesta volver a la rutina, y los peques son quienes más lo notan. Llevan cuatro días con sus papis y ahora hay que volver al colegio. Esto implica que hoy por la noche les pueda costar más dormirse, debido al cambio de rutina y hábitos de los días festivos. Podemos tratar de evitar la siesta de hoy o fomentar más actividad, jugar mucho hasta la hora del baño e ir anticipando a nuestro peque lo que va a ir sucediendo: "mañana hay cole y tenemos que irnos a dormir pronto para estar mañana despejados para jugar con los amigos". Podemos evitar las situaciones de actividad a partir de las 7 u 8 de la tarde, para ir potenciando un ambiente de calma y tranquilidad antes del momento de sueño. Después del baño podemos hacer masaje, sería bueno hacerlo cada día, al menos un rato, pero si no lo hacemos, hoy es un buen día para empezar. Anticipar al niño en el cambio tras unos días diferentes, es muy importante para que no le pille de sorpresa y le cueste más adaptarse. Tampoco es necesario estar todo el día recordándole o diciéndole lo que va a venir, pero si unas tres veces, por ejemplo, según se acerque la noche. Otra ayuda para asimilar la vuelta a la rutina es que participe activamente de ella, ayudando a colocar la ropa para mañana, a escoger de qué quiere el sándwich del recreo, qué va a meter en la mochila o qué les va a contar a sus amigos que ha hecho. Esto les hace meterse más en la situación real que va a acontecer. Espero que os sirva para la vuelta a la rutina y para otras ocasiones donde tengan vacaciones o un puente los peques.